Corea del Norte : la decisión de Naciones Unidas debería abrir la vía para una solución diplomática

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La decisión unánime por parte del Consejo de Seguridad de la ONU de imponer nuevas restricciones económicas a Corea del Norte tras las pruebas nucleares y de misiles realizadas por el país, deja patente que la posibilidad de llegar a una solución pacífica no es descartable, y que las principales potencias mundiales tienen la capacidad de llegar a un compromiso sobre cómo presionar al régimen para que abandone las armas nucleares.

Las sanciones de la ONU incluyen restricciones del comercio a y desde el país, así como la prohibición de expedir nuevos permisos de trabajo para los norcoreanos que están trabajando en el extranjero.

“El régimen norcoreano supone un peligro inminente para la paz mundial, y es alentador que los miembros permanentes del Consejo de Seguridad hayan conseguido alcanzar un acuerdo sobre un paquete de medidas que debería reducir las tensiones y abrir la vía para una solución diplomática como la propuesta por el Gobierno de Alemania. Pero es preciso que este proceso esté respaldado por una aplicación efectiva de las nuevas medidas, puesto que la minúscula élite gobernante de Corea del Norte consiguió amasar una enorme riqueza incluso con las sanciones económicas que se le habían impuesto anteriormente”, ha declarado la Secretaria General de la CSI Sharan Burrow.

China, que introdujo nuevas restricciones a las cuentas bancarias norcoreanas antes de la decisión de la ONU, sigue siendo el principal socio comercial del país, e importa más del 80% de sus exportaciones.
“De todos los miembros del Consejo de Seguridad, China es el que mayor influencia ejerce sobre el régimen de Kim Jong-un, y tiene que hacer valer plenamente esa ventaja para evitar la posibilidad de una catástrofe nuclear”, ha expresado Burrow.

Durante muchos años, una importante fuente de riqueza para la familia de Kim y la élite militar gobernante han sido los ingresos de los cerca de 100.000 norcoreanos que se encuentran trabajando en el extranjero. Además de verse obligados a trabajar en condiciones de esclavitud absoluta, en sectores como la construcción y la minería, sus salarios se los queda el régimen, y a ellos y sus familias no les deja más que una pequeña proporción de los mismos.

“Las noticias de que los trabajadores norcoreanos en el extranjero han estado construyendo infraestructura para la celebración de acontecimientos deportivos mundiales en Rusia y en Qatar, no es más que la punta del iceberg. Muchos otros países, entre ellos Malasia y China, tienen que asumir una gran responsabilidad por la difícil situación de estos trabajadores en el interior de sus propias fronteras. Es una lamentable acusación del sistema internacional que los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU no hayan decidido frenar antes el comercio esclavista de Corea del Norte”, concluye Burrow.