Siria: relato de la trágica huida de Elena, trabajadora doméstica, a su país, Filipinas

Como Elena (nombre ficticio), de 34 años, necesitaba desesperadamente un empleo, aceptó de inmediato la oferta de empleo en Siria en noviembre de 2008. No le importaron los medios clandestinos utilizados para hacerlos entrar a ella y seis otros trabajadores en Siria, ya que sabía que no tendría una mejor oportunidad para dar a sus dos hijos una vida decente después de que su marido los abandonara.

Cada día llegan a Siria trabajadoras filipinas que son engañadas con la promesa de un empleo mejor en el extranjero, e incluso el conflicto armado que azota al país no ha conseguido parar el tráfico de trabajadoras domésticas.

El Departamento de Relaciones Exteriores de Filipinas estima que podría haber hasta 17.000 trabajadores filipinos en Siria. La mayoría son mujeres y más del 90 por ciento están indocumentadas.

Cuando Elena llegó al aeropuerto de Damasco sin documentos de trabajo formales, ella y los otros seis trabajadores fueron detenidos en la oficina de inmigración. “Nos dijeron que esperáramos a nuestro agente. Nos daban muy poco de comer, pero al cabo de tres días llegó un agente que nos llevó a la casa de nuestros distintos empleadores en Latakia.”

Ya había otros tres trabajadores filipinos en la casa de la adinerada pareja que contrató a Elena. Lo primero que hicieron sus nuevos empleadores fue confiscarle su teléfono móvil y su pasaporte. No tenía derecho a días de descanso y solo recibía un salario mensual de 200 USD, la mitad de lo que le había prometido el agente que la contrató en Manila.

Su contrato de trabajo concluía en noviembre del año pasado, pero no tenía la posibilidad de volver a su país.

“No podíamos dormir por el ruido de las bombas y los disparos. Nuestro empleador no nos dijo que lo que oíamos eran batallas; nos dijo que eran celebraciones del Presidente sirio,” señaló Elena.

Elena y sus colegas no se enteraron de que había habido una rebelión en Siria hasta que pudieron ver las noticias en Internet. Trabaron amistad con un guardia de seguridad sirio que los dejó buscar en internet los datos de contacto de las oficinas de gobierno y la embajada en Damasco.

“Deseábamos desesperadamente volver a Filipinas porque temíamos por nuestras vidas. Nuestros empleadores abandonaron la casa con sus hijos y nos dejaron encerrados en su enorme casa,” dijo.

Nadie respondía el teléfono en la embajada en Damasco, así que buscaron otras pistas hasta que lograron ponerse en contacto con Susan “Toots” Ople, una antigua subsecretaria del Departamento de Trabajo de Filipinas (desempleo). Ople dirige actualmente una ONG llamada Blas F. Ople Policy Center, que lleva el nombre de su difunto padre y antiguo Secretario de Asuntos Exteriores y senador. Ese grupo presta asistencia a los trabajadores Filipinos en dificultades, en coordinación con las embajadas y los agregados laborales en los gobiernos anfitriones.

Ople transmitió el caso de Elena y sus colegas al agregado laboral filipino en Siria, que planificó su rescate, diciéndoles que debían salir de la casa de sus empleadores en la noche del 5 de mayo.

“Planificamos nuestra huida desde nuestra habitación en el cuarto piso de un edificio de cinco plantas, muy vigilado,” informó Elena.
Los agregados laborales debían recogerlos a media noche, pero en vez de eso, fueron detenidos por la policía siria. “Atamos nuestras sábanas para usarlas como cuerda para llegar hasta la planta baja,” relató. “Yo fui la última en bajar, pero al oír ruidos y temiendo que el guardia se diera cuenta de nuestra huida, salté al suelo y me rompí la cadera.”

Los demás filipinos ayudaron a Elena a subir a un taxi, pero el chofer llamó a la policía y los condujo a la comisaría en vez de a la embajada de Filipinas.

“En los locales de la policía, sentía un agudo dolor por la fractura de la cadera, pero los agentes me ignoraron. Mis colegas estuvieron maniatados durante los siete días siguientes y solo nos daban de comer una vez por día,” contó Elena. Dijo que solo cuando el personal de la embajada filipina los visitó la ingresaron en el hospital.

La mayoría de los hospitales estaban atiborrados de civiles que habían resultado heridos durante el conflicto. Elena logró quedarse allí durante algunos días luego pidió que la mandaran a casa porque de cualquier manera allí nadie se ocupaba de ella.

La policía siria había incautado sus pertenencias cuando fueron arrestados. “Nos devolvieron nuestras cosas dos semanas después de que llegáramos de vuelta a Manila. Pero faltaba una buena parte de la ropa y, para mi pesar, el dinero que había logrado ahorrar, unos 1.000 USD, había desaparecido.”

Según Ople, Siria sigue ocupando los primeros lugares de la lista de países en los que se practica el tráfico de filipinos pobres, seguida de Malasia y Jordania.

Indicó que, a pesar de que desde el año pasado estuviera prohibida la contratación de trabajadores para Siria, el número de trabajadores filipinos aumentaba de forma constante. El gobierno de Filipinas estima que en 2006 había 6.000 trabajadores filipinos en Siria, y que en 2011 esa cifra alcanzó las 17.000 personas.

Ople dijo que los agentes contratistas, que actúan en connivencia con los traficantes en Filipinas, cobran a los empleadores sirios 3.000 USD en promedio por cada trabajador que contratan.

El Subsecretario de trabajo y administrador, Hans Cacdac, de la Administración Filipina del Empleo en el Exterior (POEA) dijo que los traficantes usan los aeropuertos secundarios del sur del país en Zamboanga y Davao como trampolín para llegar a países que no exigen visado, como Hong Kong, que es miembro de ASEAN. A partir de allí, los trabajadores toman vuelos internacionales a Dubai y Jordania para luego entrar a Siria.

“Estamos tratando de solucionar el problema, pero no es una tarea fácil,” dijo Cacdac en una entrevista.

Efectivamente, no es una tarea fácil, como lo ha dicho el propio Secretario de Relaciones Exteriores, Albert Del Rosario, que admite que difícil localizar y repatriar a los filipinos de Siria, ya que la violencia no ceja.

Del Rosario dirigió personalmente las operaciones de repatriación del primer grupo de trabajadores Filipinos de Siria en enero de 2011. Afirmó que los funcionarios sirios a quienes pidió ayuda para la repatriación estaban demasiado ocupados con la creciente violencia y el contrabando masivo de armas.

Desde entonces, el gobierno Filipino ha estado librando una batalla en solitario para localizar a los filipinos atrapados en ese país devastado por la guerra y repatriarlos con la ayuda financiera de Organización Internacional para las Migraciones.

Otro obstáculo para la repatriación, según Del Rosario, es la demanda que han presentado algunos empleadores de que los trabajadores Filipinos rembolsen los gastos de su contratación, que oscilan entre 3.000 y 8.000 USD. El pago es indispensable ya que se requiere la firma del empleador para obtener el visado de salida de los trabajadores filipinos.

Debido al recrudecimiento de la violencia, Del Rosario reactivó las operaciones de rescate en julio. Hasta ahora, se ha repatriado a 1.993 trabajadores filipinos.

Ople señaló que la trata de trabajadores filipinos a Siria y otros países de Medio Oriente continuará hasta que el gobierno logre combatir la red sistémica de engaño que lleva a que las mujeres trabajadoras se vean atrapadas en guerras extranjeras que vienen a añadirse a los abusos que ya sufren a manos de sus empleadores.

“El gobierno sigue lidiando con los trabajadores que hay que repatriar de Siria y los que son introducidos ilegalmente cada día en el país para remplazarlos, y que son cada día más numerosos,” declaró Ople, agregando que el gobierno debería impulsar las medidas necesarias para ofrecer empleos decentes en el país y así evitar que la gente pobre cayera en las redes de los traficantes.

Filipinas deberá ratificar el Convenio núm. 189 de la Organización Internacional del Trabajo que protege los derechos y el bienestar de los trabajadores domésticos en su país y en el extranjero, dijo Ople. El Convenio reconoce que los trabajadores domésticos forman parte del sector de empleo formal, lo que les da derecho a una retribución digna, un día de descanso, protección social y seguro médico.
“El Convenio de la OIT reconoce que el trabajo doméstico es una profesión y no un favor que se hace a una mujer a la que se permite vivir y comer gratuitamente en la casa de los empleadores,” dijo Ople.

El Foro Visayan, una ONG que hace campaña para la protección de los derechos de las trabajadoras domésticas filipinas, indicó que un número creciente de mujeres jóvenes abandonan sus hogares en Filipinas para buscar trabajo en el extranjero como niñeras o empleadas domésticas.

La Directora ejecutiva del Foro Visayan, Cecilia Flores-Oebanda, también destaca la importancia de que Filipinas ratifique el Convenio núm. 189 de la OIT.

Señaló que en 2010, unos 154.000 trabajadores domésticos filipinos, el 45 % del total de la migración laboral, salieron a trabajar al extranjero.

Las remesas de los trabajadores domésticos constituyen una parte significativa del total de remesas recibidas de más de nueve millones de trabajadores inmigrantes filipinos cada año, que alcanzó los 21.000 millones USD en 2010.

La situación de los trabajadores filipinos en Siria fue un factor clave en la votación de Filipinas en contra de la imposición de sanciones contra el presidente sirio, Bashar al-Assad.

“Nuestro voto tenía por objeto asegurar que el gobierno y la población de Siria no tuvieran hostilidad hacia nuestros ciudadanos y cooperaran con nosotros en la labor de repatriación de ese país en guerra”, señaló un diplomático de alto nivel que aceptó ser entrevistado si se mantenía el anonimato.

Pese a la intensificación del conflicto en Siria, se sigue ignorando o pasando por alto la situación de miles de trabajadores extranjeros que siguen atrapados en el país.

En espera del gran día en que puedan por fin volver a su país, los trabajadores domésticos tendrán que prepararse a librar otra batalla contra el hambre, la pobreza, desesperanza y falta de oportunidades que les espera a ellos y a sus familias.