Primer plano de Shaher Sa’ed, (PGFTU Palestina)

"La creación de un Estado es la condición indispensable para garantizar los derechos de los trabajadores palestinos"

La Federación General de Sindicatos de Palestina (PGFTU) ha aunado esfuerzos con la Autoridad Palestina para lograr que las Naciones Unidas reconozcan un Estado Palestino. Shaher Sa’ed, su Secretario General, explica su posición y expone las cuestiones sobre las que estima que es urgente avanzar para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores palestinos. Entre sus prioridades: luchar por un salario mínimo y una auténtica protección social

-¿De qué manera la batalla política que libra la Autoridad Palestina por el reconocimiento de un Estado palestino afecta al sindicato que dirige?

- La respuesta es sencilla. Sin democracia, sin la posibilidad de construir un Estado moderno, no pueden existir los derechos de los trabajadores. El reconocimiento de nuestro derecho inalienable a disponer de nuestras vidas es una condición previa para el desarrollo económico y social, y para la elaboración de la auténtica legislación laboral a la que aspiramos. Si cada mañana la mente se paraliza ante el temor de franquear un puesto de control, resulta difícil movilizarse por un código del trabajo que garantice sus derechos ante los empleadores. La preocupación principal es de otra naturaleza... Sin Estado, sin seguridad, ¿qué futuro pueden esperar los palestinos?

-Si el proceso avanza, ¿cuáles serán las primeras reivindicaciones que presentará al Gobierno para mejorar las condiciones de vida y de trabajo de los palestinos?

- Las necesidades son ingentes y diversas, por ejemplo, en materia de protección contra los accidentes laborales. Los derechos en ese campo son prácticamente inexistentes. También podría referirme a los días de descanso o las bajas por enfermedad. En todas esas esferas estamos aún muy lejos de la aplicación del principio de “trabajo decente” que reclama el movimiento sindical internacional. Si bien queda aún mucho camino por recorrer, hay dos cuestiones que nos parecen prioritarias: el establecimiento de un salario mínimo y la creación de un verdadero sistema de protección social. Esas dos cuestiones están estrechamente relacionadas, ya que sin protección social no es posible defender los ingresos, y sin un nivel salarial decente, no es posible crear un sistema de protección social. Actualmente, en los dos casos, los trabajadores palestinos carecen de derechos. Desde hace varios años hemos intentado abordar esa cuestión en el marco de las negociaciones tripartitas que entablamos con los empleadores y la Autoridad Palestina. En 2004, cuando estábamos muy cerca de lograr que se estableciera un sistema de seguridad social, el Banco Mundial nos obligó a abandonar el proyecto por completo.

-¿Por qué motivo se opuso el Banco Mundial?

- La ley que estábamos a punto de votar no le convenía. No correspondía a sus criterios... Al Banco Mundial le preocupaba la cuestión de los recursos con que se financiaría el proyecto. Nosotros dimos respuestas y argumentos. El sistema que proponíamos podía financiarse. No quiso escucharnos. Hace tres años solicitamos que se reanudaran las discusiones sobre esa cuestión. Están actualmente en curso. Esa iniciativa debe avanzar. De lo contrario, la población palestina podría hundirse en la pobreza. Necesitamos que la OIT nos asesore y nos ayude a presionar a la Autoridad Palestina para avanzar. La creación de un sistema tripartito e independiente de protección social es fundamental para garantizar los derechos de los trabajadores. Es tanto más urgente cuanto que empiezan a aparecer empresas privadas en el mercado proponiendo sus servicios.

-¿Qué nivel de salario mínimo reivindican?

- Sin un ingreso mínimo equivalente a 2 500 shekels (500 euros), nadie puede vivir de forma decente en Palestina. Ese es el nivel que reivindicamos. Hemos iniciado actualmente una campaña al respecto y esperamos obtener respuestas sobre esa cuestión durante nuestro próximo congreso, en diciembre.

-¿Piensa usted que la economía palestina está en condiciones de mantener ese nivel de ingresos?

- No puede haber democracia sin justicia. Hoy en día numerosas mujeres trabajadoras ganan menos de 1 000 shekels al mes (200 euros). Esa situación no es sostenible. Si recuperamos nuestra libertad, si disponemos de una continuidad territorial en Gaza y Cisjordania y la capacidad de controlar nuestras fronteras, podremos alcanzar nuestro desarrollo. Contamos con una agricultura muy rica: aceite de oliva en Cisjordania, frutas, hortalizas y flores en Gaza. Nuestra tierra, nuestras ciudades ofrecen, como Belén, Jerusalén o Jericó, una inagotable fuente de oportunidades para el turismo. Contamos también con una industria de la piedra que suscita interés en el mundo entero. Exportamos nuestros productos hasta a China y los Estados Unidos. Si dispusiéramos de un Estado, si pudiéramos circular y desplazarnos libremente, la economía palestina sería viable. Tenemos industrias. Teníamos empresas que eran capaces de hacer frente a la competencia hasta que fueron destruidas por el ejército israelí, pero podemos reconstruirlas. Al abrirse, el mercado interior palestino permitiría distribuir una producción que sufre hoy de la existencia de los puestos de control y de la imposibilidad actual de comerciar entre Gaza y Cisjordania. Palestina no está condenada al desempleo y el subdesarrollo. Los palestinos tienen un alto nivel de educación y formación que les permitiría construir una economía moderna, un Estado democrático que garantizara los derechos de los trabajadores y los derechos sociales, en cumplimiento de los convenios internacionales de la OIT. No tenemos petróleo pero tenemos los medios para desarrollarnos como cualquier otro país de Europa o del mundo.

-Se habla regularmente de proyectos de zonas francas en territorio palestino. ¿Cuál es su posición al respecto?

- No nos oponemos al proyecto siempre que se asegure que en esas zonas se respeten los derechos. Hasta ahora, sin embargo, no existe ninguna zona franca en Palestina. En 2000, dos mil personas trabajaban aún en Erez, en la frontera entre Gaza e Israel. Esa zona fue completamente destruida por el ejército israelí. La que debía construirse en la cercanía de Jenin no funciona… Las zonas francas en la actualidad se encuentran en las colonias israelíes de Cisjordania y no dejan de crecer. En 2000, 10 000 personas trabajaban en ellas. Hoy en día son 35 000, que trabajan en condiciones inaceptables en zonas en las que los empleadores respetan según sus necesidades, los derechos que les convienen: a veces refiriéndose al derecho israelí y otras veces al palestino o al jordano. No es eso lo que buscamos. Queremos que los trabajadores palestinos puedan encontrar trabajo en lugares distintos de las colonias o en Israel.

-¿Qué se puede proponer a los jóvenes titulados que sufren del fuerte desempleo en Palestina también? ¿Tienen reivindicaciones particulares sobre ellos?

- Es un tema, obviamente, preocupante. Cada año cerca de 35 000 jóvenes salen del sistema educativo sin posibilidades de empleo: sólo entre 4 000 y 5 000 de ellos puede esperar entrar en los servicios de la Autoridad Palestina. Casi el 40% de los jóvenes menores de 25 años están en desempleo hoy en día en Palestina. Su única perspectiva es marcharse, emigrar y tratar de encontrar un empleo en Israel. Su futuro también depende de la creación o no de un Estado Palestino. Es por ellos y sus padres que mantendremos nuestra movilización, para que ese acto se convierta en realidad. Es por ellos también que participaremos en todas las discusiones que se celebren con los empleadores y la Autoridad Palestina para definir de forma más precisa los detalles.

Entrevista a cargo de Martine Hassoun