Migration Interviews

Primer Plano de Marissa Begonia (J4DW/TUC – Reino Unido)

Trabajo doméstico: “No ver a los hijos es la peor de las torturas”

El principio de la adopción de un Convenio internacional, acompañado de una recomendación, sobre el trabajo doméstico ha sido aprobado durante la última Conferencia Internacional del Trabajo de la OIT. Este paso es motivo de alegría para los numerosos sindicatos que luchan por la defensa de esta categoría de trabajadores particularmente vulnerables. Así sucede en el Reino Unido, donde el sindicato “Unite the union” (1) apoya al grupo de ayuda mutua “Justicia para los trabajadores domésticos”. Marissa Begonia, miembro de este grupo, habla de sus actividades y nos confía las realidades de la vida de las trabajadoras domésticas migrantes.

¿Cómo se definiría “Justicia para los trabajadores domésticos”?

“Justicia para los trabajadores domésticos” (J4DW por sus siglas en inglés: “Justice for Domestic Workers”) es un grupo de ayuda mutua entre trabajadoras domésticas migrantes de cuya gestión se ocupan principalmente las propias migrantes. Se sitúa dentro del ramo de la hostelería del sindicato Unite, miembro del TUC (Trades Union Congress). Llevamos a cabo campañas e intentamos defender nuestros derechos, sobre todo después de los cambios en la legislación sobre la inmigración. Es importante que las trabajadoras domésticas nos expresemos nosotras mismas a favor de nuestros derechos en vez de tener a alguien que hable en nuestro nombre. Las acciones son más vivas, más visibles y más eficaces cuando las trabajadoras domésticas llevan a cabo sus propias campañas, aunque el apoyo de otros sindicatos y ONG sea muy importante. Unite nos ayuda mucho en nuestras campañas así como a desarrollar nuestras capacidades a través de cursos de formación.

¿Qué servicios ofrecen a sus miembros?

Nuestra cuota mensual asciende solamente a una libra esterlina (1,5 dólar), y contribuye a ayudar a las trabajadoras domésticas que huyeron de la casa de un empleador abusivo. Les ayudamos a satisfacer sus primeras necesidades (ropa, comida, alojamiento, pasajes para encontrar un nuevo puesto de trabajo). J4DW ayuda, apoya, salva y reconstruye la vida de las trabajadoras domésticas a través de estas pequeñas contribuciones que salen de nuestros bajos salarios. Unite también organiza en ocasiones actividades de recaudación de fondos en nuestro favor. Asimismo ofrecemos clases de inglés e informática a través de Unite. Estas actividades son importantes porque para la mayoría de las trabajadoras domésticas migrantes el inglés no es su lengua materna. También les ayuda a cumplir los requisitos de los procedimientos de inmigración.

Unite ofrece también cursos de formación sindical que nos dan los conocimientos necesarios para luchar por el respeto de nuestros derechos. Estos cursos nos ayudan a desarrollar nuestra capacidad para que tengamos confianza en nosotras mismas cuando hablamos en público, por ejemplo, en el Parlamento, en reuniones gubernamentales, conferencias y movilizaciones nacionales e internacionales. Esta es una de las mejores maneras de sindicalizar a las trabajadoras domésticas ya que la mayoría de ellas no sólo vienen a pedir ayuda, sino también quieren aprender. Las ayudamos a entender que el hecho de sindicalizarse les da acceso a la educación, al conocimiento y a la defensa de sus derechos, y las sensibilizamos respecto a la importancia de realizar campañas. El asesoramiento sobre los procedimientos de inmigración (para renovar un visado o solicitar un permiso de residencia permanente) proviene de Kalayaan (2), una ONG que brinda asistencia y hace campaña en favor de los derechos de las trabajadoras domésticas migrantes.

¿Con cuántos miembros cuentan y cómo consiguen afiliarlos?

Se trata del grupo profesional más difícil de organizar en sindicatos: no existe una asamblea de trabajadores a la que pueda acudirse; se trata de trabajadoras individuales que ejercen su actividad en el interior de domicilios privados. Llegar a cada trabajadora doméstica es muy difícil. J4DW existe desde el 15 de marzo de 2009, y por ahora contamos con más de 300 miembros. El primer contacto que establecemos con la mayoría de nuestros miembros suele tener lugar cuando necesitan ayuda. La mayoría de nuestros miembros han huido del domicilio de empleadores abusivos. Algunas llegan acompañadas por personas que conocieron cuando eran víctimas de explotación. Aparte de estos casos de abuso, la mejor manera de ponernos en contacto con ellas es pasando la información de boca en boca. Puedo hablarles del tema a mis compañeras en los cursos de formación, hago que se interesen explicándoles que podrían aprender más sobre sus derechos, cómo hacerlos respetar, etc. También repartimos folletos.

Un año después de la creación de su grupo de ayuda mutua, ¿han tenido ya resultados?

Hemos podido ayudar a numerosas trabajadoras domésticas que eran explotadas por sus empleadores. Hemos creado vínculos internacionales. Por ejemplo, hemos participado en la última Conferencia Internacional del Trabajo de la OIT. Nos alegra, por otro lado, que sindicatos tan importantes como el TUC y Unite pongan cada vez más empeño en recalcar la cuestión de la protección del trabajo doméstico.

¿Cómo puede convencerse a más gente para que se implique en la defensa de las trabajadoras domésticas migrantes?

Es hora de que el mundo reconozca la contribución tan importante del trabajo doméstico a la economía mundial. Tanto los países de origen como los de acogida se benefician de la aportación que hacen las trabajadoras domésticas que cuidan a los niños, a los ancianos, que limpian la casa. Ayudamos a las familias, que son los principales componentes de cualquier país. ¿Cómo podrían todas estas personas ir a trabajar sin la ayuda de las trabajadoras domésticas que cuidan de sus familias? En lo que respecta a Filipinas, si dejáramos de enviar dinero durante tres días, la economía se hundiría. Es por eso que nos llaman los "héroes modernos", pero ¿dónde está la protección y el apoyo que tanto necesitamos como héroes que somos? Tenemos grandes responsabilidades. Por eso es sorprendente ver que hasta la fecha no se nos dé el reconocimiento debido como trabajadoras. Es muy decepcionante, ya que cuanto más vulnerable es un trabajador, más protección necesita.

¿Usted misma es trabajadora doméstica?

Efectivamente, soy trabajadora doméstica desde hace dieciséis años. Gracias a este trabajo puedo criar y educar a mis hijos, darles la vida decente que merecen. Empecé a trabajar en Singapur, pero mi salario era tan bajo que me fui a Hong Kong. Mi último empleador en Hong Kong fue quien me trajo a Londres. En aquella época yo no conocía mis derechos, pero cuando empezaron a darme días de descanso, otras trabajadoras domésticas me dijeron que tenía derecho a cambiar de empleador. Busqué un nuevo empleador para mejorar mi sueldo, que era muy bajo. Trabajo desde hace seis años para un empleador muy bueno, una familia de Londres que me apoya y comprende mi participación en J4DW. Mi hija mayor vino a reunirse conmigo en 2008, pero estoy bregando con obstáculos administrativos que me impiden traer a mis otros dos hijos. Como madre, el sueño de toda mi vida es tener a mis hijos conmigo. Todavía siento el dolor del día que tuve que dejarlos para irme a trabajar al extranjero, pero preferí irme a verlos morir poco a poco de hambre. No quiero que tengan la misma vida que yo he tenido. Mis hijos son mi vida entera, son la razón por la que tanto me he sacrificado, ellos son el futuro.

¿Tiene tiempo suficiente para las actividades sindicales?

El tiempo es el principal problema de una trabajadora doméstica. ¿Qué tiempo libre tenemos? Trabajamos muchas horas. Llevo a cabo mis actividades para J4DW después del trabajo doméstico, a veces hasta las 2 de la mañana, y si no he terminado, me levanto a las 5 para continuar antes de retomar mi trabajo. Puedo leer mis mensajes de correo electrónico durante el día. Si no es urgente, respondo por la tarde, de lo contrario, contesto lo más rápido posible, como cuando es necesario intervenir urgentemente en favor de otra trabajadora doméstica. Si tengo que asistir a una reunión, le pedo permiso a mi empleador. Por la mañana puedo ir, pero por la tarde es difícil porque tengo que ir a buscar a los niños que cuido a la salida de la escuela. Los cursos de formación, las reuniones periódicas y otras actividades sindicales tienen lugar el domingo. Conseguir hacerlo todo no es fácil, es un reto constante, pero podemos hacer mucho con el poco tiempo que cada miembro de J4DW dedica al movimiento. A pesar de las dificultades, sabemos que todos y todas tenemos la responsabilidad de ayudar, apoyar y hacer campaña a favor de los demás.

¿Cuáles son los elementos más difíciles de la vida de una trabajadora doméstica migrante?

En el plano físico, los largos horarios de trabajo son muy difíciles, pero lo peor lo padecen las víctimas de palizas o abusos sexuales – ellas viven una pesadilla. Y son muchas las que se encuentran en esta situación. Es realmente triste: trabajan en el seno de una familia, donde deberían sentirse seguras y felices, pero sucede todo lo contrario. El domicilio privado puede ser un lugar peligroso para una trabajadora doméstica. Así sucede concretamente en casa de los diplomáticos. Si una trabajadora doméstica huye de la casa de su empleador, termina por encontrarse en situación irregular. El visado es nuestra vida, encontrarse en una situación ilegal es lo peor que puede pasarle a una trabajadora doméstica, ya que entonces se vuelve más invisible, más aislada, y los empleadores pueden abusar de ella aún más.

En el plano emocional, la peor de las torturas es no ver a los hijos. Yo me fui la primera vez de Filipinas con 23 años, cuando mi hija más pequeña sólo tenía un año. Cuando volví, dos años después, lo más triste fue que no me reconociera. Mis hijos son sangre de mi sangre, son la razón por la que trabajo tan duro; aunque tampoco hay que olvidar que nuestros hijos también hacen un sacrificio puesto que es muy difícil crecer sin tener a los padres cerca. Cuando están enfermos una no puede estar a su lado, lo único que puede hacer es enviarles dinero para pagar las facturas del hospital.

Y por otro lado, en bastantes casos, al volver al país de origen una se encuentra sin marido, y esas separaciones provocan nuevas migraciones. Tenemos que sacrificarnos y aceptar el hecho de no saber lo que va a sucederles a nuestros hijos. Quizás se conviertan en drogadictos, en prostitutas... porque no tienen a nadie que les guíe. Entre las hijas de las trabajadoras migrantes se dan muchos casos de embarazos prematuros. Mi ex marido no se ocupa de los niños, pero tengo suerte, porque mi hermana se encarga de ellos.

¿Usted podría volver a Filipinas para vivir cerca de sus otros dos hijos?

Después de haber pasado un tiempo trabajando en Hong Kong, intenté quedarme con mis hijos en Filipinas. Empecé a vender comida durante el día, me levantaba a las 4 de la mañana todos los días; pero con eso no nos alcanzaba para vivir, así que tenía que seguir trabajando hasta medianoche en un puesto de bebidas. Con semejante tren de vida, nunca veía a mis hijos y tampoco podía ahorrar nada. Cuando se ponían enfermos yo no tenía dinero para pagar al médico. Así que no tuve más remedio que volver a dejarles y encontrar otro empleo en el extranjero para poder proporcionarles una vida decente. Por eso volví a Hong Kong, donde mis empleadores me ofrecieron acompañarles a Londres, adonde se fueron a vivir.

Entrevistas realizada por Samuel Grumiau

(1) Unite, miembro del TUC

(2) Kalayaan es una ONG que ayuda a las trabajadoras domésticas migrantes en el Reino Unido

- Marissa Begonia es también autora de “Cry of a migrant” (Clamor de una migrante), un texto que obtuvo el primer premio de un festival sindical organizado por Unite.

- Léase también el dossier Visión Sindical sobre el trabajo doméstico

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