Distintos indicadores oficiales dan muestras de que en España la crisis está afectando drásticamente a la juventud, si bien no reflejan el supuesto flujo de jóvenes emancipados a la casa de sus padres. Esto se explica porque la precariedad que enfrentan los y las jóvenes de nuestro país no está circunscrita a la actual coyuntura de crisis económica. Antes bien, los distintos elementos que componen la realidad sociolaboral de la juventud (alta temporalidad, desempleo, Infra-ocupación, bajos salarios, utilización de fórmulas no contractuales para encubrir puestos de trabajo, etc.) han pasado a instaurarse en nuestra sociedad de una manera estable y sistemática. La desregulación de las relaciones laborales y los procesos de liberalización económica que ya han alcanzado incluso los servicios públicos esenciales, no sólo no han mejorado las condiciones de vida de las mayorías sociales, sino que amenazan con legar a la juventud de hoy un horizonte más precario que el de generaciones anteriores.
Una de las consecuencias más inmediatas del problema es la limitación para la emancipación: Tan sólo el pequeño porcentaje de jóvenes con mejores condiciones laborales han podido abandonar el hogar de los padres para vivir independientemente, y son estos mismos jóvenes los que menos se están viendo afectados por la crisis. El resto – una masa ingente de personas con edades comprendidas entre los 16 y los 35 años – nunca alcanzaron la estabilidad laboral necesaria para la emancipación, por lo que la caída de la economía les sorprendió sin haber abandonado la casa de sus padres.
Esta evidencia contrasta directamente con la avalancha de noticias que se están lanzando desde una pluralidad de medios de comunicación, en los que se alarma sobre un supuesto retorno masivo de jóvenes emancipados a casa de sus padres por las consecuencias de la crisis. Sin querer negar ni banalizar el drama de los casos particulares, un importante número de datos socioeconómicos extraídos de la Encuesta de Población Activa ofrece un panorama distinto, pero igualmente preocupante. Diversos indicadores dan cuenta de un estacionismo en el tiempo desde hace años, lo que evidencia la sistematización de la precariedad juvenil y sus consecuencias sobre la emancipación, así como la falta de medidas efectivas para combatirla. En resumen, la gran mayoría de jóvenes españoles en edad de independizarse tuvo que aplazar sus planes de salir del hogar paterno a la espera de mejores puestos de trabajo.
La importancia de acogerse a fuentes estadísticas fiables se hace primordial a la hora de acometer problemáticas tan complejas como la de la precariedad laboral de los jóvenes. Afirmar que un elevado porcentaje de personas están volviendo al hogar familiar por motivo de la crisis encubre la falacia de que la juventud disfrutó de una situación sociolaboral digna en un momento no muy alejado en el tiempo, en el que supuestamente existió un movimiento emancipatorio mayoritario. Queda demostrado que la precariedad laboral se ha convertido en un eje estructural de la realidad juvenil desde hace años, y de no acometerse medidas que busquen soluciones al problema desde su raíz, corremos el riesgo de que se perpetúe.


